jueves, 1 de enero de 2015

Cómo reparar el pasado para vivir mejor el presente


La mejor forma de reparar una falta es compensar en el presente lo que te faltó en el pasado, acompañado de comprensión y flexibilidad.



pasado





(*) Por Elizabeth Santángelo
Hace poco y el mismo día escuché por televisión comentarios de un político y también de una conocida actriz lamentándose por no haber brindado a su familia todo el cuidado y amor, especialmente a los hijos cuando eran pequeños. Al dedicarse a sus profesiones intensamente, no pudieron disfrutar de todas las etapas de su niñez y adolescencia.
Esta situación es muy común cuando se tiene una profesión u ocupación que se ejerce con real compromiso y entrega, dejando de lado los asuntos personales o familiares. Para algunas personas aún con el pasar de los años, la culpa y arrepentimiento parecen mantenerse intactos.
No es necesario retroceder para recordar esa época, sintiéndose culpable. Y tampoco es recomendable concentrar los pensamientos en el pasado. El pasado no se va a repetir. Mirar al pasado es bueno solamente para tener ideas de cómo vivir mejor el presente. Vivir y revivir el pasado con sufrimiento, puede llegar a alterar nuestra salud.
¿Cómo resolver estas situaciones en el presente?
Si sientes culpa porque crees que has actuado mal, utilízala como la oportunidad para conocerte y para mejorar tu autoestima. Y si la culpa comienza a transformarse en una espesa niebla que te impide ver con claridad, que tal vez surge de la auto-condenación de no haber sido buen padre o madre, o quizás, de la rigidez de tus propios juicios hacia los demás, trata el tema con tus posibles acreedores: tu familia y despréndete de esa pesada carga que te has impuesto quizás por muchos años.
En varias de sus obras Shakespeare alude a la necedad de consumirse uno mismo con el pasado. En un punto advierte: “Lo que ya ha pasado y no sirve de ayuda, no debe servir de aflicción”. En otro de sus versos nos recuerda que las cosas que no tienen remedio, tampoco deben importarnos ya; lo hecho, hecho está.
La Dra. Yinet Iturralde Muñoz dice que no debemos vivir anclados al pasado: “El arte de olvidar es esencial para el arte de vivir. Todos esos espantosos recuerdos que tan cuidadosamente ha ido almacenando en su cerebro, distan mucho de merecer que los conserve. Como dueño y señor de lo que alberga en su mente, no tiene por qué elegir conservarlos. Si lo trataron de forma realmente horrible, aprenda de ello, prométase no tratar así a los demás y perdone en el fondo de su corazón a tales personas. Si no puede perdonar, será porque elige seguir tomando una posición lastimera que solo va a proporcionarle mayor tiranía. Pero si olvida y perdona, se beneficiará. De lo contrario, será la única persona que sufra con ello”.
Argumentar o justificarse son barreras que impiden vencer la culpa. Piensa que la mejor forma de reparar una falta es compensar en el presente lo que crees que te faltó en el pasado, acompañado de la comprensión y flexibilidad.
Si fue por tener poco tiempo, dedícale más horas a las conversaciones con tu familia (esta actitud será sanadora para ambas partes, porque ellos tendrán la oportunidad de borrar el resentimiento o los sentimientos que aún guardan de aquel pasado).
Si fue por indiferencia, demuéstrales que estás ahí para escuchar, comprender y participar activamente de sus proyectos y sus vivencias, todo con un honesto interés.
Sobreponerte a esos sentimientos de frustración es la clave para encontrar la salud mental y física y así sentirte libre para responder a las necesidades de tu familia y de tu entorno.
Estas actitudes sinceras y con amor reparan y compensan las faltas del pasado, venciendo esa culpa que te acompañó sin encontrarle una explicación válida.
Lo más importante es que tu corazón sanará de esas heridas y comenzará a latir con alegría, sabiendo que nada se ha perdido y que siempre se está a tiempo para decir: te quiero.
(*) Elizabeth Santángelo integra el Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana en Argentina, escribe artículos relacionados con el impacto que produce la espiritualidad en la salud y en los distintos aspectos de la vida cotidiana. Facebook: Elizabeth Santángelo de Gastaldi – argentina@compub.org.