28 de octubre de 1983 y 7 de marzo de 2017: pasaron 34 años entre estas dos imágenes, pero la violencia es la misma
28 de octubre de 1983 y 7 de marzo de 2017: pasaron 34 años entre estas dos imágenes, pero la violencia es la misma
Según la mitología griega, Prometeo, el titán amigo de los mortales, robó el fuego de los dioses y se lo dio a los hombres.
Pero el fuego es bifronte. Y los hombres lo usaron para bien y para mal.
Para quemar cadáveres infectados durante las pestes medievales –el fuego purificador–, y para quemar seres humanos vivos durante la siniestra Inquisición.
El caso más emblemático: la pira en la que ardió Juana de Arco, luego Santa Juana, en 1431, por defender las murallas francesas contra el enemigo inglés.
Avancemos 552 años.
Estamos en la Argentina.
La derrota nacional en Malvinas, como un huracán, se llevó a la última dictadura militar.
Hay elecciones libres.
Se hace la luz de la democracia.
El viernes 28 de octubre de 1983, dos días después del cierre de campaña del radical Raúl Alfonsín, cierra la fórmula peronista: Ítalo Luder-Deolindo Bittel.
Escenario: el Obelisco.
Multitud: muchos más que los 800.000 que vivaron a Alfonsín.
Se anticipaba una dura pugna en las urnas.
Pero la mala sombra de un peronista se irguió para el desastre…
Nombre: Herminio Iglesias. Edad: 54 años. Hombre de Avellaneda –dos veces su intendente–, se ha liado a tiros más de una vez: las históricas refriegas internas de su partido…
El más violento durante la campaña, le dice "malnacido y gusano" a Alfonsín.
Pero no le basta.
Necesita más violencia: algo visceral en él.
Alguien le alcanza un ataúd con los colores y las siglas del radicalismo, y una corona.
Y Herminio, fiel a sus genes y a su pasado… ¡le prende fuego!
La pitada inicial para que otros esbirros atacaran varios comités radicales.
Herminio Iglesias le prende fuego al “ataúd ” de la UCR en el acto de cierre de campaña del peronismo
Herminio Iglesias le prende fuego al “ataúd ” de la UCR en el acto de cierre de campaña del peronismo
Llegan las elecciones.
Y el 10 de diciembre de 1983… Raúl Alfonsín recibe la banda y el bastón.
Primer presidente de una democracia que ya no retrocedería hasta los trágicos años de los golpes militares.
El peronismo queda atónito.
Se pregunta cómo pudo perder.
Algo que no está en sus cálculos desde 1946, cuando asume la presidencia Juan Domingo Perón.
No está en sus cálculos porque no se considera un partido político normal.
Se define como un gran movimiento nacional.
Casi como una religión que no permite ateos.
El ateo es el enemigo.
Se pregunta cómo pudo perder. Tal vez por varios factores.
Pero el fuego de Herminio Iglesias fue el detonante más letal.
Telón.
Llegamos al 7 de marzo del joven 2017.
Acto contra el gobierno de Mauricio Macri.
Muchedumbre colosal: la 9 de Julio es un río humano.
Los discursos sindicales están muy lejos de todo atisbo de diálogo: son una declaración de guerra.
La persuasión no existe.
Los cegetistas Carlos Acuña, Juan Carlos Schimd, Pablo Moyano y Héctor Daer llevan la voz cantante contra el gobierno, y prometen un paro general… sin dar fecha.
Y en ese punto se rompen los diques del orden.
Grupos de izquierda y de La Cámpora interrumpen a Daer exigiéndole informar la fecha del paro: "Decí la fecha, la puta que te parió".
Algunos, amenazantes, suben al palco, lo copan, golpean a los cegetistas, obligados a bajar entre empujones e insultos.
El palco queda vacío. Y uno de los violentos pinta una cruz sobre la insignia de la CGT.
No una cruz cristiana protectora y benéfica.
A 34 años del fuego salvaje de Herminio Iglesias… una réplica sin fuego pero con el mismo significado.
Porque esa cruz, en ese lugar y en ese momento, es funeraria.
Un episodio doblemente doloroso para el peronismo civilizado: el atril sobre el que los vándalos pintaron la cruz… ¡es histórico!
Pertenece a la CGT desde su fundación… ¡y desde allí habló Perón!
Ya no existe.
Terminó destrozado.
No fue Cronos (Saturno en la mitología romana) comiéndose a sus hijos, como lo pintó Francisco de Goya.
Fueron los hijos comiéndose a su padre.
La historia se repite, patética.
Una vez más, el peronismo de izquierda –algo absolutamente contradictorio contra la llamada "doctrina peronista"– enfrentando al peronismo ortodoxo.
Y una vez más, un único perdedor.
El país. Nuestro país. La República Argentina. Donde el fuego de Prometeo nunca se usa para el bien, la paz, el progreso, la grandeza, la riqueza. Todo lo que empezó en 1880 y se derrumbó lentamente desde 1930.
Y después, el triste despertar del sueño de los padres de la Patria.