Si algo nos dejó esta semana convulsionada, es que la gente se animó a decir basta. El video que se viralizó vía WhatsApp y el resto de las redes donde se veía a unos miserables amenazando a las dueñas de una estación de servicio en Lomas de Zamora para que no despacharan combustible mientras durara el paro nacional es una muestra más de la desesperación que vive el peronismo, que ve cómo se le escurre entre los dedos el único capital que tenía sobre la gente: el miedo.
Deberíamos hacerle un monumento a los creadores de Facebook, Twitter, Instagram y los medios online por haber creado las plataformas que permitieron circular lo que hasta hace poco tiempo no tenía aire en ninguna parte, para dejar en evidencia en tiempo real a distintos tipos de extorsionadores. En este caso, a los muchachos del Sindicato de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicio, Garages, Playas de Estacionamiento, GNC, Lavaderos Automáticos y Gomerías, quienes tienen el coraje suficiente para ponerle SOESGYPE a un gremio, pero demostraron ser muy poco hombres a la hora de maltratar a tres mujeres que lo único que querían era trabajar. Postales de un partido político que está desapareciendo como todo lo que alguna vez fue furor en nuestro país: los parripollos, las mesas de pool y las canchas de paddle.
Así como en otra época estos impresentables se hubieran salido con la suya, ahora son víctimas de la valentía de tres hermanas y del 4G. Miren qué interesante: 70 segundos grabados con un celular dan por tierra con 70 años de clientelismo. En sintonía con eso de que la gente se animó a decir basta, el sábado pasado cientos de miles de personas salieron a las calles con el objetivo de ponerle fin a la tiranía del choripán. Fue una sorpresa para los agitadores de siempre, que no daban crédito ante tamaña multitud espontánea con banderas argentinas.
¿Cuántas personas hubo en la marcha a favor de un país distinto al que padecimos durante las últimas décadas? Algunos chicanearon con que no eran más de 20 mil, otros hablaban de 300 mil, los más optimistas creen que fueron 2 millones en distintos puntos del país. A esta altura el número es anecdótico. Lo realmente importante fue que se sintió el cansancio, como esa mano que golpea la mesa y dice basta. Esta vez las calles fueron ganadas por aquellos que nunca recibieron un centavo por fuera del sistema, los que viven de su sueldo, aquellos con la autoridad moral para defender cosas tan sencillas como vivir en paz, circular por las calles y trabajar. Más que una marcha, fue una expresión de deseos. Y un claro mensaje para el Gobierno: "los votamos para que esos deseos se cumplan".