Mi perra Rita me enseñó a pensar menos en mí y a cuidar a los demás




POR FABIÁN CASAS ESCRITOR. ENTRE SUS OBRAS FIGURAN “EL SALMON” Y “LOS LEMMINGS Y OTROS”.

Uno y el animal. La relación con estos integrantes especiales de la familia, además del cariño y de la entrega mutua, suele abrir ventanas impensadas. En este caso, ayudó al autor a ver el mundo que había más allá de las cuatro paredes de su yo. Y, quizás, hasta prepararlo para ser un mejor padre.







Todos los problemas surgen cuando uno tiene que abandonar su habitación, escribió Pascal. En Japón algunos adolescentes tomaron esto al pie de la letra y se encerraron en sus cuartos rodeados por la computadora, libros, comics y otros objetos personales. Cierran su habitación con llave y vegetan como un malvón artificial. A estos fóbicos se los llama hikikomori .
Sin llegar a estos extremos, yo formé parte de un grupo social que –aun relacionándose intensamente– tenía algo de estar encerrado. Son los hombres y mujeres de más de 40 años que, como diría Dante, se encuentran en el medio del camino de la vida y cuyo eje principal de existencia es satisfacer los intereses “artísticos” que, a veces, no se diferencian de los de puro consumo . Porque es este tipo social un depredador letal de discos, libros, conciertos, fiestas, películas y restaurants.
La mayoría de mis hermanos hikikomoris son críticos de rock o de cine. Y tienen en sus casas, almacenados, largos estantes repletos de música y films. Muchos de ellos creen que tener un Twitter o estar en Facebook es una forma de contacto social.
Son hikikomoris que salen de su cuarto, que van, como el caracol, con su pequeña mónada a cuestas. A veces, por padres viejos o seres queridos enfermos, estos seres tienen que bajar a la vida y soportar la crueldad de la existencia. Pero esto los traumatiza en extremo y tratan de que suceda todo lo más rápido posible.
¿Cómo se sale de esta rueda del samsara individual? En mi caso fue teniendo un perro. Una perra, para ser más exacto. Se llama Rita, esuna border collie adulta de seis años y cambió mi vida para siempre.
Uno de los actos supremos de humildad que tuve que hacer ni bien empecé a salir a la calle con Rita fue levantar su caca. Con cuatro años de levantar la caca de Rita en las calles y parques, estuve preparado para limpiar los pañales de mi hija . Ya dije que Rita es una border collie. Hay diferentes tipos de border collies, que son perros de origen escocés, y que han ayudado durante años a los pastores con sus ovejas. El border collie es un perro de trabajo, intenso, muy inteligente –capta muchísmas palabras– y gran compañero.
Me es difícil describir a Rita. Podría conformarme con decir que es mayormente de color negro, y que tiene un collar blanco en el cuello. Pero describir a Rita me parece improductivo. Rita no está en el lenguaje, toda descripción suya fracasa si no la vemos en vivo.
Es como la poesía , que se puede reconocer, pero no definir.
La mayoría de las cosas que nos modifican para siempre surgen en la infancia. Yo vivía en una casa grande y en ella vivía mi padrino Bruno, un ser humano excepcional que me brindó amor puro , un tipo de combustible difícil de conseguir. Mientras combatió en la Segunda Guerra Mundial tuvo un perro. Era conocido como el perro de Bruno. Atravesó en su compañía una Nápoles devastada por la peste y el hambre . Y el perro nunca se le despegó, hasta que murió pisado por un tanque aliado. Mi padrino me contó que estuvo llorando toda una noche.
También me habló de León, un perro que había tenido mi papá en su casa paterna y que mi padrino conoció. Me dijo que era un perro hermoso, de color marrón y que cuando enfermó, mi abuelo tomó lacruel decisión de llevárselo lejos y abandonarlo . Pero León no murió y, tras cruzar media Capital, un día apareció en casa de nuevo. Mi padrino le abrió la puerta y me dijo que sus ojos decían: qué me hicieron . Para mi padrino los perros eran hermanos nuestros y yo pienso lo mismo.
Muchos filósofos han notado que cuando intentamos hablar del tiempo en realidad hablamos del espacio. Con el perro, el tiempo y el espacio se mezclan. Rita de cachorra solía destruir el espacio donde vivíamos –un departamento de dos ambientes– mordiendo a su paso cables, enchufes, medias, zapatos , puertas, manijas de madera, etc. Y a la vez nos hacía organizar muy bien nuestro tiempo, de manera implacable. Los perros son seres gregarios a los que no les gusta que los dejen solos. De manera que Guadalupe o yo nos turnábamos para estar con Rita, haciendo nuestras cosas y ocupándonos de cuidarla, deno dejarla en casa nunca sola porque Rita iba, como dijo Billy Bond, a romper todo.
En los primeros días, Rita era la perra de Guadalupe, a ella se la habían regalado. Si rompía algo, yo se lo hacía notar.
Tu perra hizo esto . Pero un día pasó algo raro. Yo tardé en llegar al departamento y Guadalupe se tuvo que ir antes a dar una clase. Rita estuvo sola una hora y cuando llegué, la encontré l lorando y con un enchufe magullado en la boca . Me dio terror que se pudiera haber electrocutado. Me acuerdo que cuando fui a cambiar el enchufe al ferretero, éste me confirmó que los perros destruyen todo y yo le contesté: no me importa que destruya todo, lo que no quiero es que se lastime. Fue una sensación precisa, la sentí plenamente. Lo único que quería era que no le pasara nada.
Eso fue in crescendo. Me empecé a preocupar por encontrar parques grandes donde poder sacarla a correr, ya que los border collies tienen que hacerlo mucho. Cuando finalmente nos mudamos a la casa donde vivimos ahora, mi ocupación inicial fue buscar qué espacios verdes teníamos cerca para que Rita corriera, para salir con ella. El 9 de julio que nevó en Buenos Aires, Rita cumplió un año. Lo festejamos corriendo en la inmensa terraza de nieve que ahora teníamos. Para ese entonces yo ya mantenía una rutina que aún hoy continúa: pasear todos los días con Rita, buscar, aun en invierno, bares donde los dos pudiéramos desayunar por las mañanas en las veredas.
Una enseñanza evidente que me da mi relación con Rita es que cuanto menos piense uno en sí mismo, cuanto más te ocupes de los demás,más feliz sos . La felicidad es la ausencia de pensamientos utilitarios sobre el ego que todo lo quiere. Cuando era joven, yo vivía un tiempo lineal, ascendente, ahora el tiempo lineal no existe. Me encuentro en situaciones y relaciones que suceden verticalmente, de manera profunda. Los perros no tienen tiempo lineal, viven una vida circular, hecha de rutinas y con pequeños lapsos vueltos sobre sí mismos, separados por momentos de atención.
Rita salta y agarra en el aire el frisbee , Rita duerme a mi lado, Rita me escucha narrarle –propulsado por el whisky nocturno– una historia que posteriormente será un relato para chico s, Rita me despierta apoyándome su pata en la cara para que salgamos a pasear y distingue cuando hago un bolso para irme al trabajo o para ir al Dojo a hacer karate. Suena el motor del ascensor y Rita, por la forma de moverse,sabe que sube un conocido (¿qué percibe, el olor, los ruidos particulares?) pero nunca falla: da la sensación de que Rita tiene wi fi .
Y un día llega la posibilidad de demostrame a mí que lo que siento esverdadero amor . Vamos cruzando una calle después de descubrir un gran espacio verde en la zona de Barracas, y veo que unos hombres que están sentados en un bar en la vereda me miran asustados , giro la cabeza y me percato de qué los asusta: a todo lo que da, un dogo blanco e inmenso se nos viene en carrera . No tuve tiempo de pensar en mí, sólo quise proteger a Rita.
Choqué de frente con el perro. Debe haber durado segundos, pero yo le pegaba trompadas y él me fisuró dos costillas y me mordió en un costado mientras rodábamos por la calle. Los dueños me lo sacaron de encima y lo primero que hice fue ver si Rita –que estaba tiesa a mi lado– estaba bien. No tenía nada. Se había juntado gente, un colectivero había bajado a levantarme, y una vieja, que nunca falta, me dijo: me parece que te lastimaron el riñón. Toqué el costado derecho y saqué la mano ensangrentada .
Vino el Same, la policía. Un oficial gordo me dijo: las hembras se odian, ésta iba a atacar a tu perra y lo que creo que la desconcertó es que vos la atacaras a ell a, si el dogo te agarra del cuello, te mata. No me mató, pero me agarró terror. Y cuando uno tiene miedo, se vuelve de derecha.
Le pedí al carpintero que me había hecho la biblioteca que me hiciera unpequeño bate de béisbol , para no estar con las manos desnudas la próxima vez que la naturaleza me mandara un dogo en llamas.
Me costó volver a las rutinas con Rita sin mirar para todos lados, viendo de dónde me la iban a poner. Pero ahora recuerdo algo que mis padres me transmitieron, cada uno a su manera, desde chico, y fue la sensación cálida de protección . Con ellos a mi lado, nada me podía pasar. Mi mamá aparecía en mi pieza cuando tosía con una jarra de vapor para que me hiciera nebulizaciones y mi padre me cuidaba cuando me llevaba a la cancha o me sacaba a pasear.
Cuidar al otro, por encima de uno mismo , es la cara más impresionante del amor. Nos hace olvidar que la verdad es que estamos abandonados en el espacio negro, sin ningún tipo de consideración, y que no hay nada trascendente esperando en ninguna parte.
No se sabe a ciencia cierta cuándo decidimos salir del agua y cuándo nos subimos al árbol y cuándo y por qué, nos bajamos. Muchos etólogos conjeturan que en algún momento los lobos o los chacales debieron servir a las tribus para avisar la presencia del enemigo y luego para cazar. Con la presencia de los chacales como alarma, los humanos lograron una noche dormir sin sentir el insomnio producido por el miedo a los enemigos.
Juan L. Ortiz, un súper poeta argentino que tenía una casita en el litoral, y era flaco y estilizado, solía tener –como Batman– objetos que se mimetizaban con él. Una larga y fina bombilla de mate, y un galgo llamado Prestes al que le dedicó estos versos: Silencioso amigo mío, viejo amigo mío, cómo nos entendíamos…/ Esta tarde hubiéramos salido a mirar los oros transparentes, casi íntimos…/ ¿Qué veías allá sobre las islas cuando enhestabas las orejas?
En la libreta sanitaria de Rita se la describe como “un animal de compañía”. Una definición que parece hablar más de un robot que de ella. Cuando nació Ana, mi hija, muchos pensaban que iba a bajar mi amor por Rita , que la perra era sólo un sustituto de los hijos por venir.
Nada más errado. Una mañana un señor mayor que estaba sentado en una mesa detrás de la que desayunábamos Guadalupe y yo con Rita a los pies, nos dijo: “No la abandonen a ella cuando nazcan sus hijos”. Lo que hicimos, en cambio, fue entrar con el bebé en la casa y mostrárselo a Rita . La pusimos a su altura para que la pudiera oler. Recuerdo que ver a la bebé y a Rita en ese momento me hizo llorar. Hoy Rita tiene seis años y Ana dos.
Se llevan muy bien . Aun cuando el comienzo de la paternidad fue fatigoso para mí –horas mal dormidas, miedo y estrés por las preocupaciones del hijo– nunca le cambié las rutinas a Rita y los tres, si hay buen tiempo, hacemos el camino hasta la escuela de Ana por las mañanas. Ahora, mientras termino estas líneas, Rita está tirada toda a lo largo sobre el costado derecho de su cuerpo, durmiendo. Ella primero, y mi hija después, me curaron de la enfermedad de la nostalgia . Sí, como decía el hermoso guitarrista de la calle Arribeños: mañana es mejor.

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